La porosidad es la característica más comentada —y más malentendida— de las piezas de aluminio fundido. Aparece en todos los procesos, en mayor o menor medida, y entender por qué surge y cómo se controla evita expectativas poco realistas en un proyecto de fundición.
Qué es la porosidad
La porosidad son los huecos internos que quedan en la pieza tras la solidificación. No es un defecto excepcional: es una característica inherente al proceso de colada. Lo que distingue una pieza buena de una mala no es la ausencia total de poros, sino que la porosidad esté controlada y situada donde no compromete la función.
Por qué aparece: gas y contracción
Hay dos orígenes principales:
- Porosidad de gas. El aluminio fundido disuelve hidrógeno; al solidificar, lo libera y forma poros redondeados. Por eso las fundiciones desgasifican el metal antes de colar.
- Porosidad de contracción. El aluminio contrae al pasar de líquido a sólido. Si una zona solidifica aislada del aporte de metal, deja un hueco irregular. El diseño de la pieza y del sistema de llenado (mazarotas, bebederos) busca evitarlo.
El proceso de fundición influye mucho: la inyección a presión atrapa más gas por su llenado rápido, mientras que la gravedad y la baja presión presentan menos porosidad de partida.
Por qué no existe la “cero porosidad”
Prometer “cero porosidad” no es realista, y conviene desconfiar de quien lo haga. Toda pieza fundida tiene algo de porosidad; el objetivo técnico es mantenerla por debajo de un nivel admisible, que depende de la función de cada zona de la pieza. Una zona de estanqueidad o de gran responsabilidad mecánica exige una sanidad interna muy alta; una zona no crítica admite más. Por eso la calidad se define por zonas, no con una promesa absoluta.
Otros defectos de la pieza fundida
La porosidad es el más conocido, pero no el único defecto que se controla en fundición:
- Rechupe: hueco de contracción mayor, por falta de aporte de metal a una zona masiva al solidificar. Se evita con mazarotas y un buen diseño de llenado.
- Inclusiones: óxidos o partículas no metálicas atrapadas; se reducen con un buen filtrado y desescoriado del metal.
- Gota fría y llenado incompleto: cuando el metal llega demasiado frío o el llenado falla, dejando uniones débiles o zonas sin rellenar.
- Grietas y rechupes superficiales: detectables por líquidos penetrantes.
Cada defecto tiene su causa y su control; un plan de control de calidad los cubre según la responsabilidad de la pieza.
Cómo se controla y se mide
El control empieza en el proceso: desgasificado del metal, diseño del llenado, parámetros de colada estables. Y se verifica con ensayos:
- Radiografía (rayos X): revela los poros internos sin destruir la pieza. Se comparan con referencias como ASTM E505 o normas internas del cliente, que clasifican el nivel admisible.
- Líquidos penetrantes: para defectos abiertos a la superficie.
- Ensayo de estanqueidad: en piezas que deben contener fluidos, a menudo tras impregnación de la microporosidad.
Cómo se previene desde el diseño
Buena parte del control de la porosidad se juega antes de colar, en el diseño de la pieza y del molde. Los espesores uniformes evitan zonas que solidifican aisladas; los radios y las transiciones suaves mejoran el llenado; las mazarotas y los canales bien dimensionados alimentan las zonas masivas durante la solidificación. Hoy las fundiciones usan simulación de llenado y solidificación para predecir dónde aparecerá la porosidad y corregir el utillaje antes de fabricarlo. Por eso, cuanto antes se comparta el plano con la fundición, más margen hay para optimizar la sanidad interna sin sobrecoste.
Cómo se acuerda el nivel admisible
Antes de fabricar, el cliente y la fundición acuerdan el nivel de porosidad admisible por zona, normalmente sobre un plano que marca las zonas críticas. Definir esto en la especificación es lo que permite que las propuestas de distintas fundiciones sean comparables y que la pieza recibida cumpla lo esperado. Cuando una pieza exige la máxima integridad, se elige un proceso de alta sanidad (baja presión, vacío) desde el principio: la porosidad se gestiona con el proceso adecuado, no se “elimina” después.
Cómo acordar el nivel admisible con la fundición
La forma profesional de hacerlo es marcar las zonas críticas en el plano y asignar a cada una un nivel de porosidad admisible según una referencia (ASTM E505, EN 12681 o una norma interna). Así la fundición sabe dónde apretar y dónde no, y tú recibes propuestas que cotizan el mismo nivel de exigencia. Pedir “que no tenga porosidad” sin más no es especificable ni cotizable.
Porosidad y estanqueidad: cuándo impregnar
Si la pieza debe contener fluidos a presión, la microporosidad superficial puede causar fugas. La solución habitual es la impregnación: un sellado con resina que cierra los poros, validado con un ensayo de estanqueidad. Conviene preverlo en la especificación, porque añade una operación y un coste que la fundición debe incluir en la oferta.
Qué pedir en el dossier de calidad
Para una pieza de responsabilidad, el dossier suele incluir los informes de radiografía por zona, la trazabilidad de colada, los certificados de material y, si aplica, el acta de estanqueidad. Es la prueba documental de que la pieza cumple el nivel acordado. Solicitarlo desde el principio asegura que el control forma parte del alcance, no es un extra posterior.